DE LA MÁQUINA DE VAPOR A LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL: LAS EMPRESAS QUE NO CAMBIAN DESAPARECEN

Hay momentos en la historia en los que una nueva tecnología no cambia solamente la forma de hacer las cosas.

Cambia las reglas del juego.

La máquina de vapor transformó la producción y el transporte.

La electricidad permitió nuevas formas de fabricar y organizar las fábricas.

El automóvil creó industrias enteras y cambió la distribución de las ciudades.

La informática transformó la gestión de la información.

Internet modificó radicalmente la forma de comunicarnos, comprar y vender.

Hoy estamos viviendo otro de esos momentos.

La digitalización y la inteligencia artificial están transformando la manera en que las empresas producen, venden, gestionan personas, atienden a sus clientes y toman decisiones.

Y la cuestión para una empresa ya no debería ser:

“¿Necesitamos digitalizarnos?”

La pregunta debería ser:

“¿Qué posición queremos ocupar en el nuevo escenario competitivo que está creando la digitalización y la inteligencia artificial?”

Todas las grandes transformaciones empresariales han seguido un patrón

Cuando apareció la máquina de vapor, no todas las empresas entendieron inmediatamente sus posibilidades.

Algunas la vieron como una nueva herramienta para hacer lo mismo.

Otras entendieron que permitía hacer las cosas de una manera completamente diferente.

Empresarios como Andrew Carnegie, en la industria del acero, participaron en la transformación de una nueva tecnología en una industria de una escala hasta entonces extraordinaria. Carnegie, Rockefeller y J. P. Morgan fueron protagonistas de la creación de grandes empresas e industrias durante la industrialización estadounidense.

Años después, Henry Ford llevó la producción en cadena a una nueva dimensión.

El automóvil ya existía.

La gran innovación empresarial de Ford estuvo en comprender que el verdadero potencial no estaba solamente en fabricar un automóvil, sino en transformar el sistema de producción para hacerlo accesible a un mercado mucho más amplio.

La lección es importante:

La tecnología por sí sola no transforma una empresa. Lo hace la forma en que la empresa utiliza esa tecnología para cambiar su modelo de negocio.

Después llegó la informática

La revolución informática volvió a cambiar las reglas.

Empresas como Microsoft y Apple, asociadas a empresarios como Bill Gates y Steve Jobs, entendieron que el ordenador no iba a ser simplemente una máquina para especialistas.

Iba a convertirse en una herramienta fundamental para empresas y personas.

Steve Jobs llevó todavía más lejos esa visión: no se limitó a comercializar tecnología, sino que convirtió la experiencia de usuario, el diseño y la integración entre hardware y software en elementos centrales de la propuesta de valor de Apple.

La tecnología empezó a dejar de ser un departamento de la empresa para convertirse en parte del propio negocio.

Y después llegó Internet

Internet volvió a alterar las reglas.

Empresas que habían construido su éxito sobre modelos tradicionales tuvieron que enfrentarse a competidores que podían operar de otra manera.

Jeff Bezos entendió muy pronto que Internet no era simplemente un nuevo canal para vender libros.

Era una oportunidad para construir una empresa centrada en el cliente, basada en tecnología, datos, logística y escala.

Amazon empezó vendiendo libros. Hoy es un ejemplo paradigmático de cómo una empresa puede utilizar la tecnología para transformar progresivamente su modelo de negocio.

La lección vuelve a repetirse:

Las grandes transformaciones no consisten en incorporar una herramienta nueva; consisten en descubrir qué puede llegar a ser posible gracias a ella.

Ahora nos toca a nosotros

La inteligencia artificial representa un nuevo salto.

Y posiblemente uno de los más profundos porque, a diferencia de muchas tecnologías anteriores, no afecta únicamente a la producción física o a la gestión de información, también afecta a actividades cognitivas que forman parte del trabajo diario de prácticamente cualquier empresa:

  • Redactar.
  • Analizar.
  • Buscar información.
  • Programar.
  • Atender clientes.
  • Preparar propuestas.
  • Traducir.
  • Generar contenidos.
  • Analizar datos.
  • Detectar patrones.
  • Automatizar procesos.
  • Apoyar la toma de decisiones.

La IA puede intervenir en muchas de estas actividades y, sobre todo, puede cambiar la forma en que las personas trabajan con la información.

La OCDE señala que la IA puede contribuir a reducir costes, aumentar la productividad y mejorar la competitividad, pero también advierte de que obtener esos beneficios requiere capacidades digitales, talento, infraestructura y otros activos complementarios.

Por eso, poner ChatGPT o cualquier otra herramienta de IA a disposición de los empleados no es digitalizar una empresa.

Es apenas el principio.

La verdadera transformación empieza cuando cambia la empresa

Una empresa realmente digital no es la que tiene más aplicaciones.

Es la que utiliza la tecnología para hacer mejor aquello que constituye su estrategia.

Digitalizar significa preguntarse:

  • ¿Podemos automatizar procesos repetitivos?
  • ¿Tenemos información suficiente para tomar mejores decisiones?
  • ¿Podemos conocer mejor a nuestros clientes?
  • ¿Podemos personalizar nuestra propuesta de valor?
  • ¿Podemos reducir errores y costes?
  • ¿Podemos responder más rápido?
  • ¿Podemos trabajar de forma más coordinada?
  • ¿Podemos crear nuevos productos o servicios?
  • ¿Podemos llegar a mercados a los que antes no teníamos acceso?

Y con la inteligencia artificial aparece una pregunta todavía más importante:

¿Qué actividades de nuestra empresa deberían seguir haciéndose como hasta ahora y cuáles deberíamos rediseñar completamente?

La competitividad del siglo XXI se está construyendo ahora

Los datos muestran que la adopción de IA está creciendo rápidamente: en 2025, el 20,2 % de las empresas de la OCDE declaraba utilizar IA, frente al 14,2 % en 2024 y el 8,7 % en 2023. Pero también existe una importante brecha entre grandes y pequeñas empresas.

Esto plantea un riesgo y, al mismo tiempo, una oportunidad.

El riesgo es que las empresas que incorporen antes estas capacidades aumenten su productividad y amplíen su ventaja competitiva.

La oportunidad es que, a diferencia de otras revoluciones industriales, muchas de estas tecnologías están hoy al alcance incluso de pequeñas y medianas empresas.

Una pyme no necesita convertirse en una empresa tecnológica para ser una empresa digital.

Necesita comprender su negocio, identificar dónde puede generar más valor y utilizar la tecnología para conseguirlo.

No se trata de sustituir personas. Se trata de aumentar lo que las personas pueden hacer

Esta revolución también exige cambiar la conversación sobre el empleo.

Las empresas no deberían plantearse únicamente qué tareas puede hacer una máquina.

Deberían preguntarse:

¿Qué podrán hacer nuestros profesionales si dejamos de dedicar una parte de su tiempo a tareas que una máquina puede realizar?

La investigación disponible apunta precisamente hacia la importancia de la colaboración entre personas e IA y de las capacidades humanas para obtener valor de estas herramientas.

  • La tecnología puede procesar información…

Pero alguien tiene que decidir qué información importa.

  • La tecnología puede generar alternativas…

Pero alguien tiene que elegir.

  • La tecnología puede automatizar tareas…

Pero alguien tiene que definir qué merece la pena automatizar.

Y, sobre todo, alguien tiene que decidir hacia dónde quiere ir la empresa.

La gran ventaja competitiva no será tener IA

Será saber utilizarla mejor que los demás.

Esta es probablemente la principal lección que podemos extraer de las grandes revoluciones empresariales.

No ganó quien simplemente compró una máquina de vapor.

No ganó quien simplemente tuvo acceso a la electricidad.

No ganó quien simplemente compró un ordenador.

No ganó quien simplemente abrió una página web.

Ganaron, en muchos casos, quienes comprendieron antes que los demás cómo aquella tecnología podía cambiar su forma de competir.

Hoy estamos ante una oportunidad similar.

La digitalización proporciona nuevas herramientas.

La inteligencia artificial multiplica sus posibilidades.

Pero la estrategia es la que decide para qué utilizarlas.

Porque las empresas del siglo XXI no competirán únicamente por tener mejores productos, mejores precios o más recursos.

Competirán también por su capacidad para aprender más rápido, decidir mejor, adaptarse antes y convertir la tecnología en valor para sus clientes.

Y, como ocurrió en cada gran transformación empresarial de la historia, habrá empresas que esperarán a ver qué sucede.

Y habrá otras que decidirán participar activamente en el cambio.

La pregunta no es si la inteligencia artificial va a transformar nuestra empresa, la pregunta es si nosotros vamos a transformar nuestra empresa antes de que lo haga la inteligencia artificial.

 

José Ángel Morales Medrano

Socio-Fundador

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